Diversidad de las bebidas alcohólicas, más allá del porcentaje

Comunicado. Mariano García Garibay, de la Alianza Mexicana por un Consumo Moderado, indicó que, en un escenario global donde el mercado de bebidas alcohólicas se proyecta que pase de 2,414 bdd en 2024 a cerca de 3,866 bdd en 2032 (crecimiento anual compuesto de ~6%), también se observa que las preferencias de consumo y las características bioquímicas de estas bebidas revelan diferencias profundas más allá de la graduación alcohólica. A nivel mundial, los destilados representan cerca del 45% del consumo total de alcohol en términos de volumen de etanol, mientras que las cervezas alcanzan alrededor del 34% y el vino apenas el 12%.

Con estos datos en mente y en este momento del año, conviene adentrarse en la historia, el origen, el proceso y la composición de estas bebidas, un universo mucho más variado y profundo de lo que a primera vista podría parecer, para comprender por qué “no todas las bebidas alcohólicas son iguales”.

Las bebidas alcohólicas, lejos de ser un producto homogéneo, son el resultado de una evolución cultural, tecnológica y bioquímica que comenzó en tiempos prehistóricos. Desde los primeros fermentados espontáneos hasta las complejas bebidas destiladas actuales, su diversidad responde a múltiples factores, tales como los sustratos disponibles, los métodos de elaboración y las tradiciones de cada cultura.

La fermentación fue, en sus orígenes, una forma de conservar alimentos y asegurar inocuidad microbiológica. A partir de frutas, mieles o cereales, los humanos aprendieron a transformar azúcares —como el almidón— en bebidas fermentadas. Más adelante, algunas culturas incorporaron la destilación, aumentando la graduación alcohólica y dando lugar a nuevos tipos de bebidas.

Clasificar las bebidas alcohólicas implica entender sus diferencias en términos de ingredientes, procesos y composición. Hay bebidas simples y compuestas, fermentadas o destiladas. La cerveza, por ejemplo, es una bebida fermentada y compuesta (por el uso de lúpulo), elaborada principalmente a partir de cebada malteada. El vino, en cambio, es fermentado y simple. El whisky, destilado y simple. El vermouth, de base vinícola, es fortificado y compuesto por la adición de especias.

¿Qué diferencias hay entre las bebidas fermentadas y las destiladas? La riqueza de combinaciones da lugar a una enorme variedad de sabores, aromas, colores y texturas, pero también de concentraciones de alcohol. Las bebidas fermentadas como la cerveza o el vino oscilan entre el 4 y el 14% de etanol, mientras que las destiladas suelen alcanzar entre 35 y 40%. Esta diferencia tiene consecuencias en el patrón de consumo y en el efecto embriagante.

Además del contenido alcohólico, es decir, el porcentaje de etanol, las bebidas fermentadas presentan una complejidad química mucho mayor. La cerveza, por ejemplo, puede contener más de 700 compuestos que intervienen en su sabor, derivados del malteo, la fermentación, el lúpulo y el almacenamiento. Esta riqueza sensorial permite el maridaje con alimentos y favorece un consumo más pausado y social. En cuanto a las bebidas destiladas, al pasar por un proceso que elimina muchos componentes no volátiles, tienden a ser más fuertes al paladar y, por lo tanto, menos aptas para acompañar o maridar la comida.

La cerveza aporta nutrientes como vitaminas del complejo B, minerales, antioxidantes y sustancias con potencial efecto cardioprotector, según estudios recientes. Estas propiedades destacan únicamente en contextos de consumo moderado.

A lo largo de la historia, la cerveza ha sido una opción segura para hidratarse en contextos donde el agua no era potable. Su bajo contenido alcohólico, combinado con sus propiedades antimicrobianas, la convirtió en la bebida preferida de marineros y poblaciones urbanas antes del desarrollo de la sanidad moderna. Incluso hay quien sostiene que su consumo ayudó a frenar el alcoholismo en algunas ciudades europeas.

Las bebidas alcohólicas no son todas iguales. Conocer su origen, composición y contexto permite entender mejor sus efectos y promover un consumo más informado y consciente.

 

 

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