El vino sin alcohol crece 9% en el mundo y ya tiene reglas en Europa; México todavía no lo define

Comunicado. Hoy, la industria global del alcohol ofrece una respuesta sofisticada a través de vinos y destilados desalcoholizados. Sin embargo, mientras esta categoría se consolida como una de las tendencias de mayor crecimiento en el mundo, en México opera bajo un vacío regulatorio absoluto.

El estándar global: reglas claras para la industria, mientras el mercado avanza, los marcos normativos internacionales han establecido pautas para proteger al consumidor y brindar certeza jurídica al sector:

  • Unión Europea: el Consejo Europeo fijó umbrales precisos de etiquetado. Los productos etiquetados como «sin alcohol» pueden contener hasta un 0.5% de graduación alcohólica (ABV); la denominación «0.0%» exige un máximo de 0.05%; mientras que «bajo en alcohol» se reserva para bebidas con al menos un 30% menos del volumen alcohólico tradicional.
  • Estados Unidos: la supervisión se divide a partir del umbral del 0.5% ABV. Las bebidas por encima de este nivel son reguladas por la Alcohol and Tobacco Tax and Trade Bureau (TTB), mientras que las que se ubican por debajo quedan bajo el mandato de la Food and Drug Administration (FDA), haciendo obligatoria la declaración del porcentaje exacto en la etiqueta.
  • Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV): la máxima autoridad técnica del sector definió formalmente el producto desalcoholizado desde 2012, marcando las pautas globales para su elaboración.

La urgencia de un marco legal en México responde a un comportamiento global imparable. Datos de la consultora internacional IWSR señalan que el volumen de vinos y destilados sin alcohol creció un 9% a nivel mundial, con una proyección de incremento adicional del 36% hacia 2029.

En México, sin embargo, la categoría carece de normas y cifras oficiales. La industria local se apoya en esfuerzos independientes para educar al consumidor.

“El paladar mexicano está descubriendo esta categoría, pero la oferta aún es insuficiente para una demanda que crece año con año”, señaló Alejandra Rangel, sommelier especializada y CEO de Alterno Wines México.

Para Rangel, la categoría tiene reglas de servicio propias: temperatura, copa correcta y maridaje. Explica que servirlo mal es la principal razón por la que alguien concluye que no le gusta.

Las rutas del vino reciben más de cuatro millones de visitas al año. A la par, el vino sin alcohol empieza a aparecer en cartas de hoteles y restaurantes de alta gama en destinos como Los Cabos, San Miguel de Allende, Cancún, Tulum y Puerto Vallarta. Ahí el comensal que no bebe también busca una experiencia completa en la mesa.

Esta situación evidencia una marcada paradoja entre la madurez del consumo nacional y la respuesta institucional:

Un mercado en expansión. Según el Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV), en el país se descorchan cerca de 1,250 millones de botellas de vino al año, registrando un aumento en el consumo cercano al 700% en las últimas dos décadas.

Falta de regulación, a pesar del dinamismo del sector, el país carece de una Norma Oficial Mexicana (NOM), una definición legal clara o un registro público sobre el volumen real del mercado de bebidas desalcoholizadas.

El consumidor mexicano ya está comprando y adoptando productos que el marco normativo de su país aún no sabe cómo nombrar. Abrir un debate técnico y legal resulta indispensable para garantizar la calidad, el etiquetado correcto y el desarrollo ordenado de una categoría que llegó para quedarse en las mesas del país.

 

 

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